La Mudanza
"...el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida..." Julio CortázarUna de las primeras etapas, y de las más simbólicas de este proceso de sanación ha sido que coincidió con mi mudanza del apartamento en donde había vivido durante tres años y algunos meses.
Ese tipo de despedida, hacerla sola, llorarme en ella, fue necesaria. Se trata de una despedida a una misma, a la que una fue en un espacio en el que se creció y vivió.
Los días previos a mi partida, me levanté temprano, angustiada; encendí velas y traté de hacer meditaciones Hoʻoponopono. En ellas me abracé y me permití soltar y llorar mucho. Dejar un lugar es también dejar, en gran parte, la vida que se tuvo allí, y es natural el apego a lo familiar; aunque sea dañino es el terreno conocido. Quizá debí mudarme hace tiempo; de hecho, por razones ajenas a mí, albergué en ese espacio escombros ajenos que coexistían con mi presente. Pero así se dieron las cosas.
Me despedí de la Palmera del Viajero (Ravenala madagascariensis) que se veía desde el balcón y embelleció mis mañanas; me despedí de los dos pichones de palomas que hicieron nido en la parte externa del aire acondicionado; me despedí de la luna y de los sonidos hermosos de ese entorno; me despedí del silencio de aquel apartamento-búnker de las áreas revertidas. Y aprendí a no mirar atrás, y a soltar, porque quería partir ligera y dejar mucho del dolor atrás, purificado con la sal gruesa que esparcí en las habitaciones para liberarlas de la tristeza.
"Partir Alejandra Pizarnik |
Continuará...

Comentarios
Publicar un comentario