La Mudanza

 "...el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida..." Julio Cortázar

Una de las primeras etapas, y de las más simbólicas de este proceso de sanación ha sido que coincidió con mi mudanza del apartamento en donde había vivido durante tres años y algunos meses.
 Llegué allí acompañada; me fui sola. La última noche, la señora que me ayudó a limpiar la habitación principal volvió a colocar la cama en la misma posición que tuvo la primera vez que dormí allí. Y sí, se cerró el círculo. Esa última noche, con el apartamento casi vacío y el colchón sin sábanas,  concluí un rito de despedida: amanecer y dormir mirando aquella ventana.  Porque hay lugares que ya no nos quedan, que ya fueron, y que hay que saber dejarlos ir: liberarlos de las lágrimas y del dolor, y desear que sus futuros habitantes encuentren en esos espacios la paz y el sosiego que uno soñó habitar en ellos.

Ese tipo de despedida, hacerla sola, llorarme en ella, fue necesaria. Se trata de una despedida a una misma, a la que una fue en un espacio en el que se creció y vivió. 

Los días previos a mi partida, me levanté temprano, angustiada; encendí velas y traté de hacer meditaciones Hoʻoponopono. En ellas me abracé y me permití soltar y llorar mucho. Dejar un lugar es también dejar, en gran parte, la vida que se tuvo allí, y es natural el apego a lo familiar; aunque sea  dañino es el terreno conocido. Quizá debí mudarme hace tiempo; de hecho, por razones ajenas a mí, albergué en ese espacio escombros ajenos que coexistían con mi presente. Pero así se dieron las cosas.

Me despedí de la Palmera del Viajero (Ravenala madagascariensis) que se veía desde el balcón y embelleció mis mañanas; me despedí de los dos pichones de palomas que hicieron nido en la parte externa del aire acondicionado; me despedí de la luna y de los sonidos hermosos de ese entorno; me despedí del silencio de aquel apartamento-búnker de las áreas revertidas. Y aprendí a no mirar atrás, y a soltar, porque quería partir ligera y dejar mucho del dolor atrás, purificado con la sal gruesa que esparcí en las habitaciones para liberarlas de la tristeza. 


"Partir
en cuerpo y alma
partir..." 

Alejandra Pizarnik


Continuará...

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